EL BULLYING
Uno de los principales desafíos para los docentes y padres es distinguir este problema, definirlo y poder entender sus implicancias. Otros datos aportados por el Observatorio Argentino de Convivencia Escolar revelan que los maestros y padres son los últimos en enterarse del problema. Ante reiterados hechos de violencia, el 57% de los niños se calla y, del resto, el 70% se lo comunica a sus amigos, después a los padres y finalmente, al docente. Esto hace que se incremente su invisibilidad, sea tan difícil de prevenir y mucho más complejo delinear estrategias para tratarlo.
¿Qué es el bullying? Es una forma grave y específica de violencia escolar, un maltrato normalmente intencionado y perjudicial de un estudiante hacia otro compañero, generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual. Suele ser persistente y reiterado, puede durar semanas, meses e incluso años. La mayoría de los agresores actúan movidos por un abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar. No es un conflicto normal entre pares, sino que se trata de un problema sobre el que todos los adultos debemos involucrarnos y detener con urgencia.
“Creemos firmemente que el bullying se aprende y, por lo tanto, también puede desaprenderse. No se trata de etiquetar ni humillar a los estudiantes que acosan, sino de ayudarlos a abandonar esa manera de comportarse”, explica la licenciada Candelaria Irazusta, psicóloga del Departamento Infantojuvenil de INECO. “Para esto, es necesario que los adultos responsables (padres y docentes) asuman que el problema existe, que es más frecuente de lo que parece, que tengan conciencia de su importancia y de las consecuencias graves que puede tener y, especialmente que ellos deben intervenir lo más pronto posible porque las situaciones de malestar crónico si no se detienen, crecen”, enfatiza la especialista.
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